I survived to Behòvia 2009

dimecres, 16 d’agost de 2017

Centro & Shorter




De entre mis lecturas veraniegas ha surgido una joya inesperada, a la altura de la del gran Charlie Spedding, From last to first. Me gustan y devoro las biografías de los grandes atletas porqué me sirven para aprender qué les motivó a trabajar tan duro, cómo entrenaban, cómo vivían cuando eran atletas de élite. Por mis manos han ido pasando las de Bill Rodgers, Joan Benoit, Meb Keflezigui, AlbertoSalazar, Haile Gebrselassie y unas cuantas más pendientes.



Ser atleta siendo adolescente en el Bronx mítico de los setenta cabría considerarlo un milagro. El protagonista del mismo fue Matt Centrowitz Sr, padre del actual campeón olímpico y nos lo cuenta en Like father, like son.


Tras ganar el 5000 del Prefontaine a su futuro consuegro (el entrenador de su hijo)


Habiendo nacido en una familia extremadamente pobre –vivían de la caridad pública, los food stamps- y con un padre que les abandonó a sus 9 años tenía todas las cartas en contra. Un día, en secundaria, alguien le dijo que se viniera a correr con el equipo de la escuela. Quedó muy bien clasificado pero sobre todo se quedó estupefacto con el trato que le dieron. Por vez primera en su vida le mostraron respeto sus profesores, sus compañeros…había dejado de ser completamente invisible. Y de ahí ya no quiso apearse. Récords estatales, el primero de la familia en ir a la universidad –el rechazo por ser demasiado grande y musculoso de la de Villanova- su traspaso a la de Oregon donde Bill Dellinger acabó convirtiéndose en el padre que nunca había tenido. Su primer contrato profesional tras rechazar al Athletics West de NIKE, su gran historial resumido en ser el Campeón USA de los 5000 (13’12”) del 79 al 82, poca broma-, los JJOO de Montreal y Moscú –con el triste boicot incluido-, su vida como entrenador universitario y la relación con su hijo –incluida su visión de la final olímpica de Río- conforman este magnífico libro.

El hijo pródigo


Otra vida completamente distinta pero con un nexo común es la de Frank Shorter. En el 2011 desveló que su padre fue un auténtico criminal con el agravante de ser considerado en la mediana ciudad del estado de NY donde creció como el buen samaritano, un santo en vida, el médico que siempre estaba ahí dispuesto a ayudar a todo el mundo…excepto que al llegar a casa pegaba, más todo un catálogo de horrores inimaginables a sus 10 hijos -que censuro aquí de la ya censura previa del propio Frank-, que vivían instalados en el terror absoluto.


Cuenta Frank que desarrolló de pequeño una solución mental que le permitió sobrevivir y que consistía en borrar cualquier recuerdo de su padre tras salir de la casa, dándole a un click imaginario. Cabalgaba sobre el dolor como más tarde haría en la maratón. A pesar de, o quizás gracias a, ha desarrollado una gran carrera en el atletismo desde muy diferentes ámbitos a la par que entrenaba, siempre a las 11h30 y a las 15h30, durante casi 40 años y en los años buenos, cuando fue campeón olímpico en Munich, sin ganar casi nada de dinero.
Road to gold
En su libro My maratón: reflections on a Gold medal life, descubrimos cómo se autoentrenaba -lo hacía de acuerdo a cómo planteaba las carreras-, además de la victoria olímpica al detalle, sus años en Florida junto a un grupo de atletas excelentes que luego triunfaron en diversas facetas de la vida, su traslado a la altitud de Boulder en Colorado y cómo vivió la plata de Montreal -la mirada que le lanzó, inyectada en doping, Waldemar Cierpinski-, que le llevó a acabar fundando la USADA, la noche en que Pre murió -estuvieron hablando de su mutuo proyecto por la profesionalización del atletismo –…un libro también brillante pero amargo y duro en tanto en cuanto expone parte de las atrocidades del hijo de puta de su padre a quien le deseamos una larga vida en el infierno.

¡Saludos!

PD: añado un vídeo de 21’ con su victoria en Munich, hipnotiza su eficiencia en la zancada.